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Trianeros de ficción: el cervantino Monipodio

Fuente: El Mundo

En 1916, a iniciativa del historiador José Gestoso y en el aniversario de los trescientos años de la muerte de Don Miguel de Cervantes, se repartieron por las calles de Sevilla una serie de azulejos conmemorativos que señalan algunos de los lugares de la ciudad que han aparecido plasmados en las obras del escritor de Alcalá de Henares. Solamente hay uno de esos azulejos en Triana y es el de la casa de Monipodio, un personaje fundamental en una de las Novelas Ejemplares de Cervantes: Rinconete y Cortadillo.

La placa, que se encuentra en la esquina de la calle Troya con la calle Betis, recuerda la casa en la que se sitúa el patio de Monipodio, un lugar por el que pasan diversos personajes que forman parte de una especie de “cofradía del hampa” que sirve como ejemplo perfecto de cómo Cervantes hace uso del espacio en su literatura.

Monipodio era el amo y señor de una casa que era punto de encuentro de malhechores y organizaciones de todo tipo que se regían por sus propias reglas y leyes. Una de estas normas era que todo aquel que quisiera ejercer su poco legal actividad debía pasar por el patio de Monipodio para pagar un “impuesto de circulación”. Él era quien gestionaba y repartía las funciones de este grupo pero siempre, según relata Cervantes, “quedando como honrado y dejando una parte a vírgenes y santos”.

Pedro Rincón (Rinconete) y Diego Cortado (Cortadillo) se conocen entre Córdoba y Toledo, y deciden viajar a la ciudad más próspera del Reino atraídos por su amor al dinero. Por ello deben pasar por casa de Monipodio, que es quien dispone desde su base de operaciones trianera. Cervantes nos muestra con estos personajes cómo eran los pícaros del siglo XVII y cómo funcionaba el hampa de la época. Monipodio, a quien describe como “el más rústico y disforme bárbaro del mundo”, se muestra como una figura paternal y muy religiosa que, sin embargo, es el jefe del crimen sevillano. Una contradicción que sirve de crítica a las clases pudientes y dominantes, preocupadas por aparentar rectitud y virtud en público pero con muy pocos escrúpulos en privado.

Fuente: Wikimedia Commons

A Cervantes se le considera el padre de la novela moderna porque con obras como Rinconete y Cortadillo escribe sobre la sociedad que le rodea, y no sobre leyendas o cuentos. El patio de Monipodio es un ejemplo perfecto de un costumbrismo que fue pionero y que nos permite saber cómo era la Triana de la época.

Las descripciones de Cervantes son detalladas. Tanto, que muchos sospechan que a las múltiples visitas del escritor a Sevilla habría que añadirle una relación directa con compañías de dudosa reputación. Sea como fuere, gracias a sus palabras conocemos costumbres que Cervantes recoge de la tradición popular. Gracias a que describe cómo Rinconete y  Cortadillo juegan a la “veintiuna”, podemos saber que ese juego es el origen de la versión actual que aún está en los casinos conocido a día de hoy como blackjack. Gracias también al detalle con el que se habla del banquete que se dan los personajes en casa de Monipodio, vemos que lo que se comía entonces no es tan diferente a lo que se come hoy en Triana: bacalao frito, aceitunas del Aljarafe, alcaparrones ahogados en pimientos, camarones y cangrejos del río, hogazas de pan blanco de Gandul, y “tragos de vino trasañejo de Cazalla y Guadalcanal”.

El genio de Cervantes es haber decidido que con la realidad era más que suficiente, que no hacía falta inventar. Los lugares, las tramas y los personajes de esa Sevilla del siglo XVII nos siguen resultando familiares porque eran reales y no fruto de la imaginación del escritor.

Triana forma parte indispensable del recorrido cervantino de Sevilla en lo que se llama la “topoliteratura” ya que es uno de esos lugares que utiliza Cervantes para contarnos cosas, principalmente a través de Monipodio y la red que se teje alrededor de él.

La Real Academia Española recoge que un monipodio es un “convenio de personas que se asocian y confabulan para fines ilícitos”. Una herencia clara de Cervantes quien, a su vez, utilizó un término que se usaba popularmente en la época (refiriéndose a un monopolio corrupto) para dar nombre a uno de sus personajes más atemporales: Monipodio de Triana.

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